Hace
unos días me vi en la situación, bastante común para el común de los mortales, de
enfrentar algo que “debería” hacer, pero que en realidad no quiero hacer. Esta situación
me llevó a reflexionar acerca de los “deberías” que pueblan nuestras
vidas. El tema de los “deberías” es un
tema recurrente en las personas que acuden a la consulta de Asesoramiento
Filosófico: yo “debería” hacer tal cosa, yo no “debería” pensar tal cosa, yo
“debería” haber alcanzado ya tal otra cosa, etc. Este es un tema del que se puede hablar largo y tendido, pero
no es lo que quiero hacer hoy, ni creo que un blog sea el mejor modo de abordar
en profundidad este tema. Sólo quiero compartir la reflexión personal que ha
nacido a raíz de un aspecto de esos “deberías” que suelen acosarnos,: el origen
o la motivación que los mueven.
Es
evidente que algunos “deberías” tienen un origen claro. Si yo quiero sacarme un
título universitario “debo” estudiar; si quiero perder peso “debo” o bien comer
menos o bien andar más (o las dos cosas), etc. Todos aceptamos que para conseguir
ciertas metas a veces tenemos que hacer cosas que no nos apetecen mucho, pero
es una realidad que aceptamos sin problemas. Esos “deberías” no nos hacen daño,
a no ser que nos hallamos impuesto unas metas poco realistas.
Pero
hay otros “deberías” que sí pueden resultar dañinos, son aquellos derivados de
vivir más en nuestro mundo mental que en la realidad del aquí y el ahora. Por ejemplo,
yo puedo haberme creado la idea de que, a estas alturas de mi vida ya “debería”
tener casa propia, o bien ganar más dinero, o bien estar casado y con hijos, o
bien pasar parte del año viajando, etc. Cuando hago esto no estoy
viendo/viviendo la realidad presente, y todo lo que ésta puede ofrecerme,
porque estoy viviendo en una realidad mental que lo único que hace es
producirme frustración, angustia, etc. No tiene nada de malo querer una situación
de vida mejor, pero si esto causa sufrimiento lo estamos enfocando mal. Estos “deberías”
son claramente dañinos, pero hay otros que pueden resultar todavía más
destructivos.
Cuando
los “deberías” no se refieren a aspectos materiales de la vida, como los de los
últimos ejemplos, cuando los deberías están más relacionados con la excelencia
personal, como por ejemplo que “yo debería ser más honesto, yo debería ser más
sensato, más generoso, yo debería controlar más mis pensamientos, o mi carácter”,
etc., aquí el peligro es mucho mayor porque nos adentramos en el terreno del
Ser, de aquello que mira a través de nuestros ojos, aquello que sueña por las
noches, que crea a través de nuestros pensamientos y reflexiones, aquello que
permanece más allá de nuestros cambios físicos e, incluso, del cambio de
nuestras ideas y creencias. Aquello a lo que llamamos Yo, Yo esencial, Yo
profundo, Yo real. El peligro es mucho
mayor porque algunos “deberías” son, en realidad, un ataque a ese Yo esencial.
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