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viernes, 7 de noviembre de 2014

EROS Y PSIQUE. SIMBOLISMO


En la época arcaica griega (siglos VIII a VI a.C.) aparecen las llamadas religiones mistéricas, y con ellas la concepción del hombre (que se había visto empobrecida con la religión homérica) se va enriqueciendo y ampliando. Desde el momento en que se concibe la existencia de una chispa divina en el hombre, y que cultivar ésta es la clave de la inmortalidad, aparece Psique no como sombra o Eidolon, sino como la más hermosa de las doncellas, capaz de enamorar al mismísimo Eros. Pero, ¿quién es Eros? En la visión homérica se le tiene por hijo de Afrodita y de Hermes o de Ares, e incluso de Zeus, y representa el deseo sexual. Versiones más antiguas sostienen que Eros salió del huevo del mundo, que fue el primero de los dioses, pues sin él ninguno de los demás habría podido nacer. ¿Qué es aquello que existe antes que nada, que no tiene padre ni madre, y sin lo cual nada existiría? El Amor.
Veamos ahora qué puede ofrecernos este mito, o al menos qué es lo que me dice a mí. Psique, por sí misma, en su pureza e ingenuidad, es tan bella como la mismísima Afrodita. Tan bella que enamora al mismísimo Amor, a Eros. Eros desobedece por ella a su madre. A Prometeo le pasó algo muy parecido, estaba enamorado de los hombres y eso le hizo desobedecer a Zeus. ¿Cuál es el poder que tiene el alma humana capaz de enamorar así a los mismos dioses?
Es interesante fijarse en que no es Psique la que se cree tan bella como Afrodita, no es ella la que se ver como una diosa viviente. Ella sufre las consecuencias de ese error perceptivo, sufre las consecuencias de los hombres que confunden las cosas bellas con la Belleza. Eros la hace su esposa, pero Psique es muy joven e ingenua, él no puede mostrarse ante ella tal cual es. De ahí su imposición de no mirarle ni hacer preguntas. Nada de utilizar los sentidos externos, y nada de meter por medio la mente racional. Psique debe aprender a reconocer íntimamente la presencia invisible del Ser, del Yo profundo, que no es otra cosa que Eros. Y lo hace, por eso se va enamorando de su misterioso marido, de su misteriosa esencia.
Y ahí es cuando aparecen las hermanas mayores, que vienen a representar el ego, esa voz insidiosa que critica, que tiene dudas, que tiene envidia, que tiene miedo. Es lo que en meditación se conoce como la mente que cuenta historias. Las hermanas cogen un par de datos y con eso se montan toda una historia, es lo que hace constantemente nuestra mente: montarse historias que nos creemos, historias sobre nosotros mismos (que si soy tal, que si soy cual, que si soy así, que si soy asá), y sobre los demás (esté es así, esté me ha mirado mal, me trata mal, es un caradura, es…). Y Psique, en lugar de aferrarse a lo que sabe, a sus certezas más íntimas, se cree la historia y empieza a dudar. Pero la vivencia previa no ha sido en vano, ha conocido lo que es estar conectada con su Ser, con lo más auténtico que hay en ella (lo que en India se llamaría Ananda, el éxtasis del Ser) y eso no lo puede olvidar. Queda el recuerdo, queda lo que Platón llamaría Reminiscencia del paraíso perdido, queda el fuego que el Amor ha despertado en ella. Incluso esta “preñada” del Amor, llegados a este punto no hay vuelta atrás. Antes de comenzar la búsqueda consciente del Amor, antes de comenzar las verdaderas pruebas, ha sido necesario un tiempo de vivencia íntima, silenciosa, con lo invisible. Sin ese periodo, todo lo que viene después es imposible. Es la primera fase de su iniciación.
Y si el alma humana quiere reconquistar a Eros, y unirse a él de una forma definitiva, en presencia de los dioses, ahora debe hacerlo por propio esfuerzo.
La primera prueba es la de separar, de un montón de siete tipos de semillas mezcladas, las unas de las otras. Aquí se conquista el discernimiento. El discernimiento va más allá de la mera inteligencia, y por eso se necesita de ayuda divina.
En la segunda prueba, la de recoger los vellones dorados, puede estar hablando de que los dones de la vida no se pueden obtener por la fuerza, que hay que saber esperar a que las cosas maduren, a que llegue el momento oportuno, y la vida te entregará todos sus tesoros. Para hacer esto se necesita haber conquistado previamente el discernimiento, que es esa voz que le aconseja sobre la mejor forma de hacer las cosas. Es la voz de la sabiduría.
En la tercera prueba debe llenar una copa de frágil cristal en las aguas del rio que atraviesa el Hades. Es el río de la muerte, y de la vida. Este rio es un recordatorio de que vida y muerte son una misma cosa, un río circular, un mismo río que en ciertos momentos corre por valles y montañas, y en otros momentos se hunde en las profundidades del averno. ¿Qué aprende aquí Psique? Esta es la parte que más me cuesta ver. Quizás esa frágil copa de cristal que contiene una cantidad determinada del agua de la vida represente nuestro frágil cuerpo, y Psique puede ver que aunque la copa pueda romperse en determinado momento el agua no se destruye, retorna al río del que es originaria.
Y en su última prueba, como no, debe enfrentarse a la muerte y conquistar la inmortalidad consciente. Perséfone le entrega una cajita donde se halla el secreto de su belleza. ¿Qué secreto puede ser ese? Siendo reina del Inframundo sus secretos deben estar relacionados con él, con lo que sucede cuando la “Vida” se sumerge en las profundidades de lo invisible, cuando ha dejado de existir la copa de cristal. Pienso que se trata del conocimiento de nuestra esencia divina, la toma de plena consciencia de que somos de belleza perfecta.
Por último, cuando la duda y la desconfianza despiertan en Psique la curiosidad por ver a su esposo, esa es una curiosidad negativa fruto del miedo. Es una curiosidad nacida de la ignorancia. Ahora es un caso distinto. No abre la caja por miedo, abre la caja por sed de saber. Quiere el conocimiento de los misterios de la vida y la muerte, quiere el conocimiento del Ser (que es lo que permanece más allá de la vida y la muerte), quiere conquistar aquello que vislumbró brevemente mientras estuvo con Eros. Cuando adquiere ese conocimiento sobreviene la muerte iniciática, tras la cual despierta y es llevada ante los dioses para su boda definitiva con Eros.

¿Por qué Psique conquista sus alas, pero están son alas de mariposa? Porque Psique representa al alma humana. Los griegos hablaban de nous, psique y soma. Cuerpo, alma y espíritu. El alma tiene una naturaleza dual, puede mirar hacia el cielo y fundirse con Eros (el Ser, el Espíritu), o puede mirar hacia la tierra y dejarse llevar por sus hermanas y demás parientes. Cuando mira hacia Eros conquista sus alas de mariposa, que son hermosas pero frágiles, al igual que Psique. A partir de la llegada de las religiones mistéricas, y de la evolución de la visión de Psique, los griegos creían que cuando moría una persona y exhalaba su último aliento, el alma abandonaba el cuerpo volando en forma de mariposa.





lunes, 20 de octubre de 2014

LA ESTRELLA DE LA MITOLOGÍA: EROS Y PSIQUE


Hoy os traigo un de mis mitos favoritos, la historia de Eros y Psique. Hace ya muchos años que este mito me fascina, y cada vez que lo recuerdo me inspira más y más ideas, sentimientos, sensaciones... Es difícil de explicar, pero es lo que me pasa con los mitos en general, para mí su sabiduría es inagotable. Para no hacer una entrada demasiado larga hoy pongo aquí sólo la historia, un poco abreviada por mí y, en próximas entradas, iré poniendo lo que a mí me dice este mito. Estoy abierta a que compartáis lo que queráis acerca del mito, toda aportación resultará enriquecedora.

EL MITO DE EROS Y PSIQUE


En una ciudad de Grecia había un rey y una reina que tenían tres hijas. Las dos primeras eran hermosas, pero para ensalzar la belleza de la tercera, llamada Psique, no es posible hallar palabras en el lenguaje humano. Toda la población de Grecia y alrededores empezó a visitar el palacio de Psique para adorarla, mientras que los templos de Afrodita quedaron vacíos. Afrodita decidió que la joven Psique tenía mucho que aprender, por lo que hizo llamar a su hijo Eros y le hizo el siguiente encargo: “Haz que Psique se inflame de amor por el más horrendo de los monstruos, o por el más infame de los hombres” y, dicho esto, se sumergió en el mar con su cortejo de nereidas y delfines.
Psique conocía ya el precio amargo de su hermosura. La gente la trataba como a una diosa, y nadie era lo bastante osado para amarla de verdad. Sus hermanas mayores se habían casado ya, pero nadie se había atrevido a pedir su mano: al fin y al cabo, la admiración es vecina del temor… Sus padres consultaron entonces al oráculo: “A lo más alto del monte la llevarás, donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Zeus”. El corazón de los reyes se heló, y donde antes hubo loas, todo fueron lágrimas por la suerte fatal de la bella Psique. Ella, sin embargo, avanzó decidida al encuentro de la desdicha.
Sobre un lecho de roca quedó Psique, en lo alto del monte, mientras el fúnebre cortejo nupcial se retiraba. Al poco se levantó una brisa suave que meció sus vestiduras y la elevó en el aire, y la depositó suavemente en una pradera cuajada de flores. Más allá se veía un palacio. Entró en él y quedó asombrada por la belleza del edificio y sus estancias; su asombro creció cuando unas voces angélicas la invitaron a comer de espléndidos platos y a acostarse en un lecho. Cayó entonces la noche, y en la oscuridad sintió Psique un rumor. Pronto supo que su secreto marido se había deslizado junto a ella. No podía verle en la oscuridad, sólo sentirle. Él se marchó antes del amanecer, y todas las noches regresaba para volver a ausentarse antes del alba. Psique empezaba a enamorarse de alguien a quien nunca había visto.
Él le puso, para ser su esposa y vivir en aquel maravilloso palacio, dos condiciones: la primera era no mirarle nunca a la cara, la segunda era no preguntar. En una ocasión su desconocido marido le advirtió que sus hermanas estaban a punto de ascender la montaña para buscarla. Le suplicó que no les prestara atención, pero cuando Psique las oyó llamándola y llorando, no puedo contenerse y pidió al viento que las llevara a su palacio. Cuando las hermanas vieron las joyas, las ricas vestimentas y todos los tesoros del palacio de Psique, tuvieron celos: “¿qué aspecto tiene tu esposo?”, le preguntaron con insistencia, y finalmente Psique tuvo que admitir que nunca lo había visto. “Es un monstruo –le dijeron-, por eso no tiene valor para mostrarse ante ti. Ahora estás embarazada y todo el mundo sabe que el manjar predilecto de los monstruos son las mujeres en cinta. Tienes que matarle antes de que él os mate a los dos; utiliza una lámpara para verle, ¡y cortarle la cabeza con un cuchillo!”
La ingenua Psique creyó todo lo que le dijeron sus hermanas. Encontró una lámpara y un cuchillo, y los escondió junto a la cama. Aquella noche, cuando su esposo se quedó dormido, encendió la lámpara y la acercó despacio al rostro de su amor dormido. Era… el propio dios Eros, joven y esplendoroso: unos mechones dorados acariciaban sus mejillas, en el suelo yacía el carcaj con sus flechas.
Cuando Psique se inclinó a besar a su esposo una gota de aceite hirviendo cayó de la lámpara que sujetaba con temblorosas manos. El dios despertó sobresaltado y, al ver traicionada su confianza, se alejó mudo y pesaroso. En la distancia se volvió y dijo a Psique: “Llora, sí. Yo desobedecí a mi madre desposándote. Te amo… Que te amo, tú lo sabes. Ahora el castigo a tu traición será perderme”. Y dicho esto se fue.
Psique se sentía tan desdichada que intentó ahogarse en un río, pero éste la reconoció como esposa de Eros y no le permitió morir. Finalmente Psique acudió a un templo de Afrodita a implorar su ayuda. Afrodita resulta ser una diosa muy dura cuando se ponen a prueba los dones del amor, e impuso a Psique cuatro pruebas para ser merecedora de unirse a Eros.
La primera prueba es una prueba clásica, que aparece en un cuento iniciático como es La Cenicienta: Afrodita le presenta un enorme cesto lleno de granos y semillas de maíz, cebada, mijo, girasol, chícharo, lenteja y frijoles, todo mezclado, y le dice: “Demuestra tu capacidad. Clasifica las semillas, aparta los granos según su especie y fíjate que la tarea esté finalizada antes del anochecer.” Para esta tarea tiene la ayuda de todo un ejército de hormigas, que al igual que el río, la reconocen como la amada de Eros.
En la segunda prueba Afrodita le dice a Psique que tiene que ir a un lugar situado al otro lado del río y traer vellones de lana dorada de los carneros del Sol que allí pacen. El viento en una caña quebrada, a manera de flauta, le dice que no debe hacerlo trasquilándolas, pues son carneros furiosos al mediodía y la darían muerte. Debe esperar al atardecer, que los carneros al rozarse con las ramas del bosque dejarán en él sus hebras de lana dorada.
En la tercera prueba, Afrodita envía a Psique a que llene una copa de cristal en uno de los ríos del Hades, aquel que se precipita por un majestuoso torrente desde una elevada montaña y luego desaparece bajo la tierra para regresar interiormente a la cima de la montaña en una corriente circular, que tiene por extremos las más elevadas cumbres y los más profundos avernos. Este extraño río se encuentra vigilado por terribles y peligrosos monstruos y no existe ningún lugar, cerca del torrente, en el que Psique pueda detenerse para llenar la copa. En esta ocasión es el mismo Zeus quien decide ayudarla, tomando partido por Eros, y le manda a su águila. El espléndido animal vuela hasta una Psique abatida por la desgracia y le pide que le de la copa de cristal. Con ella entre las garras, el águila vuela hasta el centro del torrente, inclina la copa hacia las peligrosas aguas y la llena, devolviéndosela luego a Psique, con lo que ésta logra finalizar con éxito la insuperable prueba.
En la cuarta prueba Psique debe descender a los infiernos, el reino de lo invisible, el reino de Hades. Afrodita le ordena visitar a Perséfone paea pedir para Afrodita el secreto de su belleza. Psique subió a una alta torre, decidiendo que el camino más corto al inframundo sería la muerte. Una voz la detuvo en el último momento y le indicó una ruta que le permitiría entrar y regresar con vida, además de decirle cómo pasar al perro Cerbero, convencer a Caronte y los otros peligros de dicha ruta. Recibe de Perséfone un cofre donde se guarda el secreto de su belleza, un tesoro del reino de la muerte que cura todo dolor. En teoría ese cofre no era para Psique, sino que Psique debía entregárselo a Afrodita sin abrir. Pero la curiosidad -distintivo de Psique, la curiosidad es la que le hace perder a Eros- le vence y abre la tapa del cofre, cayendo en un letargo similar a la muerte del que es liberada gracias a un beso de su amado Eros.

Tras esto ambos, Eros y Psique, ascienden al Olimpo, la morada de los Dioses, y por orden de Zeus son desposados. Psique bebe “del vino de los Dioses” y se hace inmortal, «Toma, Psique, bebe esto y serás inmortal; Eros nunca se apartará de ti; estas bodas vuestras durarán para siempre.» Es la voz de Zeus que otorga el fuego de los Dioses a quien se ha conquistado a sí mismo. A partir de este momento Psique tiene también alas, al igual que Eros, si bien las suyas son alas de mariposa y no las emplumadas de Eros. 

sábado, 5 de julio de 2014

LA ESTRELLA DE LA MITOLOGÍA: EL CAMPO DE JUEGOS DE BRAHMAN


El mito del campo de juegos de Brahman es un relato hindú que me parece fascinante, pues muestra algo que es muy difícil de explicar de forma racional: la naturaleza del mundo que habitamos, y nuestro papel en él.
El mito dice más o menos así…
… Antes de que el reloj de tiempo comenzará su devenir Brahman (divinidad absoluta del hinduismo) era, pero no tenía lugar donde estar dado que carecía de sustancia material. Brahmán se sentía solo y deseó un igual, y de su voluntad creativa surgió Maya, como espacio y tiempo. Maya no era exactamente su igual, sino el medio por el que Brahman podía experimentar el  tener un igual. No puede haber otro Brahman, pues Brahman los es Todo. Maya representa la única forma en que Brahman podía tener la “ilusión” de un igual.
Maya le dice a Brahman que le hará un campo de juegos para que pueda experimentar lo que es tener un igual, y que para ello necesita que le otorgue su atención perfecta y total, su atención de Dios omnipotente. Que una vez la tenga la dividirá en algo llamados seres, en millones de ellos, para que él, Brahman, pueda expresarse en millones de formas. Mediante su campo de juegos podrá experimentar la compañía, y todas las sensaciones agradables y desagradables que vienen con ella y se derivan de su ausencia. Pero, advierte Maya, para que eso sea posible tiene que olvidar que es Brahman, tienes que olvidar que él lo es Todo, que no hay nada más allá de sí mismo. En definitiva, tiene que olvidar que está en un campo de juegos.
Brahman acepta las reglas de Maya, aunque advierte que dentro del campo de juego que ha creado (universo, tiempo y espacio), tarde o temprano recordará quien es... el engaño no podrá durar mucho.
Y así se inició el mundo que captamos con nuestros sentidos. Así se originó el tiempo y el espacio. Los que están recordando que son Brahman disfrutan de juego, les haya tocado el personaje que les haya tocado en él. Los que viven todavía en el olvido del Ser, en el olvido de quién son,  sufren el juego porque lo toman por la realidad.
En este mito hinduista tenemos las claves básicas para comprender el no-dualismo de una filosofía como la del Vedanta Advaita, por ejemplo. El mundo que vemos, que percibimos, que experimentamos, es el campo de juegos de Brahman, es Maya, pero no Maya en el sentido de un mundo falso, ilusorio, sino en el sentido de “apariencia”, de rostro visible, de Brahman. Maya sólo es velo cuando posamos sobre ella una mirada superficial, cuando la confundimos con la Realidad, cuando creemos que ella es lo único que existe. Entonces Maya se convierte en velo de Brahman, de lo Real. Lo único que cambia es la mirada.
Si algo he descubierto con los años y la experiencia es que todo en este mundo es una cuestión de mirada. Hay un punto en el mito que me parece crucial porque suele obviarse. Brahman le otorga a Maya su atención perfecta y total, su atención omnipotente. Eso significa, a mi modo de ver, que a través del mundo de las formas se puede llegar a la Verdad, a la Realidad (la materia no es un obstáculo), simplemente no hay que confundir la multiplicidad que captamos mediante los sentidos con diferencia esencial, con separatividad. Creo que somos Uno en esencia y únicos en nuestra forma de manifestarnos, de expresarnos. Todos somos Brahman: personas, animales, vegetales, minerales. En ocasiones estamos en pleno juego, y en ocasiones estamos fuera del juego (muertos), podemos jugar más dormidos o más despiertos, pero nunca dejamos de Ser. A cada cual la vida reparte unas cartas, y con ellas tenemos que jugar. De nada sirve andar mirando las cartas de los otros, ni soñar con cómo sería si tuviésemos otras cartas, ni sentarnos en una esquina a lamentarnos por nuestras cartas. Lo único que podemos hacer es jugar, y ya que tenemos que jugar, juguemos con altura. Convirtámonos en maestros del juego, recordemos quien somos y pongamos “en juego” al máximo todas nuestras potencialidades. ¿Qué pensáis?